Torta de Frambuesa

Las divagaciones de más de 500 caracteres de alguien con una raspberry pi

Antecedentes: Raspberry Pi 3 conectada a internet. Quiero reproducir la musica guardada alli vía streaming sin necesidad de conectar parlantes, que permita reproducir un directorio entero con musica allí, que permita buscar canciones escribiendo al menos el nombre del archivo de audio y que no consuma mucha memoria.

Servicios al que le falta lo primero: Mopidy y todos sus forks Servicios al que le falta lo segundo: Ampache Servicios al que le falta lo tercero: Los antes mencionados Servicios al que le falta lo cuarto: Subsónic y todos sus forks

Pregunta: ¿Y funkwhale? Respuesta: no es mi intención hacer un nodo, solo un servidor con mí musica personal.


Al poco tiempo después de hacer este post, Cherrymusic me resolvió todos los problemas.

Articulo escrito por Guillermo Lamolle

“No por gastado deja de arar el arado”, dice un añoso refrán. Aunque debo confesarles que acaban de leer una mentira: el “refrán” no tiene nada de añoso, ya que lo inventé hace un instante; pero si no lo aclaraba capaz que pasaba. Así como muchas frases, afirmaciones y creencias que a veces aceptamos sin cuestionar; por ejemplo, la generalizada idea de que si a alguien se le da una ayuda monetaria por parte de la sociedad, esta tiene derecho a controlar en qué la gasta. El asunto suele aflorar en forma de crítica hacia quien, siendo beneficiario de alguna política social, aparece –por ejemplo– luciendo un celular caro.

Debería ser innecesario aclarar que para comprar un celular (ya no caro, sino uno chuminga, nomás) se precisa bastante más que lo que recibe por mes, digamos, un beneficiario del Ministerio de Desarrollo Social. Pero algunos parecen creer que se les da un sueldo que les permite vivir sin trabajar, “que es lo que han hecho toda la vida”, agregan, “mientras a uno, que se desloma, en vez de ayudarlo le sacan plata para dársela a estos parásitos”, siguen agregando. Y confieso aquí mi incapacidad literaria y estomacal para armar frases que se aproximen mínimamente a la calidad de lo que pretendo describir.

Esos pensamientos parten de una idea que podría considerarse aceptable en un ultraconservador asumido –digamos, salido del armario–, pero no en quien se autodefine como izquierdista o similar: “Mi dinero es merecido; el que se les da a los pobres, no”. Nada más falso. Solemos heredar nuestra ubicación en la sociedad, junto a la cultura básica y los contactos que nos permiten mantenerla. Aun así, algunos agraciados logran que todo se les evapore, pero suelen ser rápidamente rescatados por sus semejantes.

Otros, casi todos, tenemos más que lo que tuvimos al nacer, simplemente porque a muchísima gente le aumentó sensiblemente la capacidad de compra. Haciendo más o menos lo mismo que hacían nuestros padres, recibimos más. Piénsese que hace medio siglo tener teléfono o televisor –y ni que hablar, auto, o pasar las vacaciones fuera del país– eran claros símbolos de buena posición; ir al Caribe era “cosa de millonarios”. No es que ahora sea una papa, pero nada de eso es tan raro.

Es muy agradable creer que uno progresó en virtud de sus propios méritos. A nadie se le exige una contrapartida ni se le controlan los gastos por el hecho de no ser esclavo, porque está bastante asumido, al menos en los papeles, que la libertad es un derecho, una condición básica, algo sin lo que un ser humano no puede completarse o desarrollarse como tal. Tampoco se le recrimina que se compre un celular o una botella de güisqui con dinero de su sueldo, pero recordemos que ese sueldo (y especialmente su magnitud, por más ínfima que nos parezca) es un derecho que hoy nos parece obvio, pero que costó muchísimas luchas obreras, así como persecuciones y asesinatos por parte de quienes consideraban que no tenían por qué pagarlo. A nadie que viva de rentas o del dinero que le pasan sus padres se le exige que justifique sus gastos.

También tenemos la visión paternalista. “A los pobres hay que ayudarlos pero hay que cuidarlos, no vaya a ser que se gasten lo que les damos en vino o pasta base”, le comenta Fulana a su dealer. “Hay que llevarlos a una chacra a dar vuelta la tierra, así adquieren hábitos de trabajo”, filosofa Mengano desde su silla del bar, mientras se rasca las partes. “Hagamos que la Filarmónica recorra los barrios, con un repertorio que ellos puedan entender, así, al menos, educan su oído”, dice un funcionario de Cultura que es incapaz de diferenciar el toque de Ansina de un toque de queda.

¿Es tan difícil considerar que no alcanza con haber abolido la esclavitud, o con la jornada de ocho horas? ¿Se acabaron los avances? ¿No habrá otros derechos básicos incuestionables y, por lo tanto, no condicionables a conducta o patrón de consumo alguno? ¿No será hora de decir: “Señores, pueden ser todo lo ricos que quieran, pero sobre la base de que todos tengan solucionadas ciertas cuestiones”? (Nótese que tengo la delicadeza de no plantear obscenidades como la abolición de la riqueza). Por otra parte: ¿es tan difícil aceptar que si muchos no vivimos en la miseria es, básicamente, porque tuvimos suerte? ¿O entender, incluso, que si unos pocos han salido de pobres a fuerza de trabajo y talento, ello no significa que todos puedan hacer lo mismo? O me va a decir que usted, clase media, no fue un Lionel Messi, una Shakira o un Bill Gates porque no quiso... Igual, como dice el proverbio: “Si Messi hubiera nacido en Estados Unidos, capaz que jugaba al béisbol y era un queso”.

Da lo mismo el contrato de banda ancha, que la busques en netflix, en youtube o en rojadirecta o esperando una repetición en Direct TV. Olvídate de ponerte cómodo y picar. La revolución no será televisada.

La revolución no será televisada. La revolución no te la va a traer Pedidos Ya con un descuento del 15 por ciento. La revolución va a tener menos rating que Tinelli haciendo el baile de caño al ritmo de Cannibal Corpse y haciendo un striptease con closeups del pelo púbico porque obvio, la revolución no será televisada.

La revolución no la ponen ni en Cinemateca ni la protagoniza Adrian Suar con Francella ni El Piñe con Claudia Fernandez. La revolución no acumula puntos para cambiar por regalos. La revolución no presta efectivo al toque. La revolución no facilita el pago de multas. La revolución no será televisada, pelotudo.

No va a haber imágenes tuyas con Irma Leites llenando una molotov con Château Lafite Rothschild ni tampoco tocando el bandoneón en la banda del club naval de corazones indultados del Sargento Medina. Factum no va a poder predecir ni el clima ni va a haber móviles desde el exterior. La revolución no será televisada.

Tampoco va a haber imágenes de policías golpeando perroflautas al son de Glenn Miller Tampoco de treinta okupas cagados hasta las patas siendo desalojados del centro en un vagón con todo un barrio pidiendo rifle sanitario. No habrá cámara lenta, ni instantáneas de animalistas siendo penetrados analmente por cuatro caballos de ganadería Gallinal que habían sido entrenados justo para esa ocasión.

El clásico del domingo, el millón salvado y tres cadáveres van a chupar los huevos de mil gallinas y a las mujeres tampoco les va a importar a donde va a llegar el dinero de la Teletón porque la gilada estará en la calle persiguiendo pokemones. La revolución no será televisada.

No habrá ni puesta a punto, ni imágenes de mujeres liberales con sobaco peludo y oloroso, ni de Mujica diciendo que no seas nabo. El tema de la canción no será escrito por Silvio Rodriguez ni por Palito Ortega ni será cantado por Natalia Oreiro, ni Mercedes Sosa, ni el Reja, ni 2 minutos. La revolución no será televisada.

La revolución no ocurrirá justo después de una noticia sobre un ruido blanco, un viernes negro, un submarino amarillo o un terror rojo... o incluso un vaquero mestizo, un gato pardo o un disco de zambo. No tendrás que preocuparte por el fulano guiñando, ni por una mano en la cintura, ni por un vintén en el almacén. La revolución no se quita con agua. La revolución no te hará avivar jamás ni de comprar en Macro Mercado. La revolución te llevará de cabeza contra un árbol.

La revolución no será televisada. No está en la calle, ni donde los ojos vean. La revolución no se repite. La revolución está en vivo.

Este post fue escrito por Robby Soave https://reason.com/blog/2016/11/09/trump-won-because-leftist-political-corr

Muchos dirán que Trump ganó porque capitalizó exitosamente las ansiedades de los trabajadores de cuello azul sobre la inmigración y la globalización. Otros dirán que ganó porque los EEUU rechazaron a una alternativa profundamente impopular. Igual otros dirán que el país es simplemente racista hasta la médula.

Pero hay otra pieza grande del puzzle, y sería un error profundo ignorarla. Ignorarla fue en gran parte el problema, en primer lugar. Trump ganó por un problema cultural que viaja bajo el radar y sigue siendo obstinadamente difícil de definir, pero sin embargo es enormemente importante para una gran cantidad de estadounidenses: la correctitud política.

Más específicamente, Trump ganó porque convenció a una gran cantidad de estadounidenses de que destruiría la correctitud política. Intenté llamar la atención sobre esta cuestión durante años. He avisado que la correctitud política es en realidad un problema en los los campus universitarios, donde la extrema izquierda ganó poder institucional lo utilizó para castigar a la gente por decir o pensar lo equivocado. Y desde que Donald Trump se volvió una amenaza seria para ganar las primarias republicanas, he avisado que mucha gente, tanto en los campus como fuera, estaban furiosos con la correctitud política fuera de control — tan furiosos que le darían el poder a cualquiera que se parara contra esta.

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  • Cursos para ganar confianza en uno mismo
  • El atún con pan como estilo de vida sano
  • Un saludo de alguien desconocido
  • La no unicidad de sentidos en las palabras
  • El patrón 147 135 a ocho octavos a 130 ritmos por minuto
  • El acercamiento aumentado
  • El acercamiento imaginario
  • El acercamiento real
  • Cotonetes verbales
  • Ganas de sueños placenteros
  • Concordancia y colaboración

Y por supuesto, todo lo mencionado ocurriendo al mismo tiempo

Artículo escrito por Mauricio Bruno

Para sobrevivir como práctica, la izquierda debe amputarse la identidad; para sobrevivir como crítica, debe amputarse el discurso.

Debe hacer como la derecha: renovar la estética sin perder la ética. O como dice que hace la derecha: no hablar, hacer; renunciar a decir «soy la izquierda». ¿Por qué? Porque si un candidato a presidente puede decir «soy de izquierda» y «soy de derecha» en la misma oración sin que la opinión pública concluya que es un cínico o un delirante, hay que asumir que la marca «izquierda» ya no sirve, caducó, con el perdón de los buenos señores franceses que se sentaron de ese lado en la Asamblea Nacional Constituyente hace más de 200 años.

Esta máxima deberían aprenderla, antes que nadie, los intelectuales, o sea, «los que piensan a la izquierda». No digo nada nuevo; son las palabras de Marx en su famosa Tesis XI y las de Walter Benjamin en El autor como productor, cuando dijo a los intelectuales alemanes de su tiempo (más o menos, 1930) que deberían dejarse de joder con eso de enmendarle la plana a la clase obrera acerca de cómo se debe hacer una revolución y que deberían empezar ellos mismos por revolucionar su lugar en el mundo -en última instancia, aunque no quisieran verlo o aunque pudieran negarlo mentando recursos como las libertades de opinión o de cátedra, esos intelectuales también estaban sujetos a relaciones de producción capitalistas y, por lo tanto, eran, además de autores, productores, o sea, proletarios- y sus herramientas intelectuales. Si eran escritores -decía el Walter- debían revolucionar la literatura, debían apropiarse de los avances tecnológicos (y de los medios, los discursos y las estéticas del capital, o sea, de la máquina medios-masa) para abrir el campo y habilitar la posibilidad de que otros trabajadores se transformaran también en intelectuales y desapareciera la propia figura del intelectual. A la mierda con el «escritor social», que pinta el drama de los pobres para «generar conciencia» -dice Walter, con palabras más amables-; ya está demostrado que el capitalismo es capaz de absorber y reciclar en mercancía cantidades monstruosas de discurso crítico. Si tanto te conmueven los pobres, diría el Walter, compartí con ellos lo único que podés, o sea, tu herramienta; ellos la usarán como quieran, y ese es un gesto mucho más revolucionario que cualquier toma de posición.

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Comienzo a escribir después de recuperarme del asco que me dio leer a ese ultra. Ultra imbécil que se hace el perseguido y es un cagón de los que se ven por ahí. Ahí se la pasaba gritando lobo a más siniestra que diestra y clamando revuelta. Revuelta que se le dio vuelta contra sí mismo cuando el juez puso a revisar todo. Todo evidenció que la mala intención de los acusados no era tal y fue echado. Echado se ha ido a otra vecindad y se lo ve ahora con compañía gritando lobo. Lobo que aunque aúlle siempre fue sólo un perro domesticado desde el comienzo.

La estás teniendo requete adentro.

Por culpa del enchastre provocado por la chica plus el grifo del quiosquero de la esquina se llenó de pus y después de limpiarlo no pudo tomar el autobús para poder pagar la última factura de la luz

Al enterarme de la historia no faltó la inspiración para hacer un intento medio vago de investigación el cual desembocó en esta estúpida composición de palabras y rimas mas sin ninguna musicación

La chica plus es un seudónimo de alguien de Brasil por fuera es vendedora, sus clientes ya son más de mil te vende casas, ropa, juguetitos y hasta un cuchitril es re profesional y sobre todo su trato es gentil

Su hobby es la gimnasia, el cuidar su cuerpo es su interés quiere mostrar a todos su rutina que hace mes a mes con una camarita de video en un dos por tres hace cien sentadillas, pectorales y aún más después

Y cuando llega a casa sus videos se pone a editar se cuida de no ser reconocida en ningún lugar para mostrarlos, por la chica plus ella se hace pasar y los que miran, un visible enchastre acaban por armar.

Yo soy la prespiputa que Tojeiro ha mencionao Pues con mi amiga pusimos la droja en el colacao Y como veran ustedes les voy a relatar Como los cuatro millones nos conseguimos furtar

Con el Colacao se ha tomado una siesta Con el Colacao se ha tomado una siesta ideal Colocao, colocao

Tojeiro con mi amiga fazia follones Yo vigilaba cerca de los cajones Se bebió con la drojita la lechita calentita Y en un minutito o dos, se duerme que es un primor.

Con el Colacao se ha tomado una siesta Con el Colacao se ha tomado una siesta ideal Colocao, colocao

Antecedentes:

Supongamos la existencia de ContentMart, una plataforma de contenidos grande, centralizada y usada por todo el mundo. Supongamos tres personas que la usan y aportan contenidos: Don Ramón (persona afiliada a la extrema derecha), Don Luis (persona afiliada a la extrema izquierda) y Don José (persona que no empatiza con ninguna de las dos posturas ideológicas ya mencionadas, el tipo sube cualquier contenido sin fines de lucro). Y por otra parte supongamos dos plataformas alternativas a ContentMart, ambas con mucha menos antigüedad y popularidad. Por ahora, ni Don Ramón ni Don Luis ni Don José tienen conocimientos ni medios para crear su propia plataforma.

Comienzo de la purga:

ContentMart inicia una purga para deshacerse de los usuarios extremistas, tanto de izquierda como de derecha. Don Ramón creerá erroneamente que ContentMart se puso del lado de los Don Luis mientras que Don Luis creerá erroneamente que ContentMart se puso del lado de los Don Ramón. Don Ramón finalmente encuentra la primera plataforma alternativa y anima a sus camaradas a unirse a dicha plataforma. Don Luis encuentra la segunda plataforma alternativa y anima a sus camaradas a unirse a dicha plataforma. Puede que Don Luis o un compañero suyo haya probado entrar a la primera, pero al verla ya colonizada por los camaradas de Don Ramón la abandonarán y querrán estar lejos de ellos. Don José ni se inmuta. No es ni como Don Luis ni como Don Ramón. La gente que ve su contenido es bastante neutro, o al menos ninguno aparenta ser como Don Luis ni como Don Ramón.

Tu turno:

Un día ContentMart echa a Don José. Un cambio en las políticas de uso de ContentMart perjudica a quienes subían cierto contenido no autorizado y José acaba siendo víctima. El podría probar alguna de las dos alternativas a ContentMart pero encontrará ambas plataformas llenas de gente con la que no se sentirá afiliada y eso le generará cierta repulsión. Entonces Don José seguirá intentando usar ContentMart. A lo mejor algún día Don José consiga el conocimiento y los medios para crear su propia plataforma para uso personal, pero hasta el día en que eso ocurra, o que las plataformas alternativas tengan una actitud más bienvenida con los Don Josés alrededor del mundo, estos seguirán prefiriendo usar ContentMart.