Cuatro cuentos cortos

Crónica de una fiesta

En la puerta de su casa, Sandra Casal le decia a su compañera “Kate, contá conmigo para el karaoke”. Kate había venido de Berkshire y por nada se iba a perder la fiesta.

En la cocina, Elisa embadurnada de harina preparaba unas tortas de cereza. Y es que cocinando a veces era un de-sas-tre.

En el escritorio, Jessica y Catalina jugaban un juego en red con unas coreanas.

En el gimnasio, Thais y Emanuela retonificaban su cuerpos a base de muchos aerobicos mientras sonaba musica latina en sus auriculares

En el dormitorio, chicas no reconocibles, se probaban ropa.

Y de repente viene Sandra y dice “Para más crónicas, paguese tanta cantidad de tokens. No se admiten Barbies”

Cordón no te extraña

Las paredes no extrañan tus grafittis. Las palabras se tapan con la misma pintura con la que se escriben. Las calles no extrañan tus zapatillas. El barro se limpia con la misma agua y jabón con la que limpiabas los autos. El barrio no extraña tus proclamas. Esta playa con su arenal grande y su mar de gente lo ahoga todo en cinco minutos. Cualquier baldosa floja se repara. Cualquier anuncio se arranca. Cordón no te extraña, no empeorará sin ti.

Interrogantes nocturnas

¿No es menester caerle bien a todo el mundo? ¿A quien tengo que ofender?

¿Quien se atreve a llegar a mi mundo? ¿De verdad quiero que lleguen a mi?

¿Que me hace falta en la vida para estar interesado? ¿Que pasa que nada me motiva?

¿De qué ocios me puedo deshacer? ¿Soy un adicto al trabajo hasta para los ocios?

¿Cuerpo y alma son hardware y software? ¿Que es una discapacidad siguiendo esa analogía?

¿Que es eso de encontrarse a uno mismo en otra persona? ¿Existen lectores de rayos x para eso?

¿Qué me pasa que estoy tan lento para pensar? ¿No hay algo que me mantenga despiezzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...

Arrecife

Recuerdos de muchos veranos de mi adolescencia que ya no volverá. Los treinta grados a la sombra, el mar verdusco, el heladero al que nunca le compramos nada, las raquetas y la pelota de plástico...

Aquellos lentes de sol que me quedaban para el orto Los dos o tres locos que intentaban hacer surf Aquellas sandalias que se deshacían Las revistas de farándula con lo mejor del verano, las músicas, los eventos de moda y belleza...

Y aquel cantito de fogón: “Con jarrelon hacemo un jarrón Con porrelon hacemo un porrón”

Por eso me alegra más el otoño