Dieta alternativa (cuento de Leo Masliah)

Mucha gente me pregunta como hago para mantenerme en forma a tan avanzada edad. Bueno: mi secreto está en la alimentación. No como carne de vaca, ni de caballo. No porque sea vegetariano ni vegano. Yo no como animales que comen vegetales. Como animales, si, pero solo de los que comen a otros animales. Es mi forma de vengarlos. Yo me como a los felinos que se comen a los cérvidos, por ejemplo. Pero a los cérvidos, que son herbívoros, no los toco si no es para acariciarlos. Yo me alimento de lobos, de mangostas, de boas, de cocodrilos, de gallinas y pollos (que se comen a los pobres gusanitos), de arañas (que comen insectos), de águilas, de tiburones, de hombres y mujeres (de los que comen animales herbívoros), de gatos, de pumas, de jaguares, leopardos, pelícanos, osos, focas, nutrias y pirañas. Hienas y buitres no, porque tienen gusto a la carne podrida de que se alimentan. Y las únicas plantas a las que hinco el diente son las plantas carnívoras.

Este sistema de alimentación es el que me permitió conservarme tan bien hasta ahora. Y podría darme cuerda para unos años más, de no ser porque mi política de comer animales que comen a otros animales me llevó a comerme a mí mismo. No en mi totalidad, aún, pero voy camino a eso. No sé si podré lograrlo, pero ya me comí un brazo y una pierna. Voy a seguir así, y mi plan es dejar la boca y el estómago para el final, porque son los que me permiten comer el resto. Y no voy a dejar restos. No quiero contaminar el ambiente; pienso hacer un trabajo limpio. E integral.