La Función de la literatura (cuento de Leo Masliah)

Gaby abomina de la literatura fantástica, ese género que la llena de inquietudes fútiles, enterándola de hechos falaces que postulan o bien una física diferente de la que rige el universo, o una distorsión demasiado grosera de las estadísticas.

De Rabelais y de Swift opina que, siendo tan hábiles e ingeniosos en el decir, es una verdadera lástima que, en vez de divagar, no nos hayan mostrado como era la vida real de la gente en sus tiempos.

De Poe y Moupassant piensa que en vez de asustar tanto a la gente con criaturas y hechos sobrenaturales, por qué no despertaron la sensibilidad de sus coetáneos sobre los horrores reales que lo rodeaban, que no eran pocos.

De Franz Kafka dice que habría de elevar su grito de ahogado hacia las máquinas estatales reales que oprimen al individuo, y no hacia autoridades ocultas que ejercen poderes incomprensibles sobre sociedades fantasmales.

De Samuel Beckett piensa que el hecho de vivir en un mundo absurdo no justifica, ni como refugio ni como venganza, el inventar otro más absurdo aun.

De Ray Bradbury, que debió aplicar su vena poética a un círculo de acontecimientos más cotidianos y más tangibles.

Phillip K Dick, para ella, no es autor digno de leerse, si sus relatos fueron llevados a la pantalla con las caras de Harrison Ford, Peter Weller y Arnold Schwarzenegger.

A Gaby le gusta leer a Zola, a Proust, a Faulkner, a Ciro Alegría, a Jorge Amado, a Toni Morrison, a Camilo José Cela, a Galeano, a Piglia y sobretodo a Cruz Menéndez, de cuya expresa prosa cosecha a diario profundas reflexiones y enseñanzas sobre los usos, costumbres y motivos de las distintas clases de gente que la sociedad da a luz hoy día en estas latitudes.

Lo que Gaby ignora es que Cruz Menéndez es una entidad de un planeta lejano cuya comandancia planea invadir la Tierra, y que la circulación de sus libros tiene como único objetivo el comprobar si Ellos nos conocen lo suficiente como para garantizar una dominación exitosa y duradera.