Mi última noche con elisa

Mi nueva vida comenzó hace pocos días cuando me despedí de Elisa.

A Elisa la conocí de chico en la escuela y vaya si he sentido algo por ella. Era la amiga que todos desean tener, era la que te hacía sonreír en el momento propicio. La que te hacía olvidar el dolor. No me extraña que todos quisieran estar con ella. Pero yo era un caso especial, porque sin saber lo que era el amor, pasabamos los recreos juntos.

Luego la madurez nos ha separado. Ella a hacer sus estudios, yo a los míos. No sé como la habrá pasado ella, pero en mi caso las amistades duraban hasta las vacaciones. Tuve que arreglármelas como pude. Sólo compañerismo y nada más. Pero jamás la olvidé. Hasta de vez en cuando soñaba con ella, más allá de querer volverla a ver.

De pura casualidad es que me encuentro con Laura, una compañera de escuela. Nos contamos de todo lo que pudimos contarnos y hasta me invitó a una reunión una noche en su casa. Allá me encontre con otros varios amigos que no conocía y otros que los conocía pero que no los veía desde hace tiempo. Fue una reunión muy agradable y Laura me pidió mi teléfono por si pintaba hacer otra reunión como esta.

El tiempo pasó y de repente, sorpresa. Me llega un mensaje de texto de alguien desconocido mencionando mi nombre e invitándome a su cumple. Llamé a ese número y me quedé frío. Era Elisa, que me contó donde iba a pasar su cumple y a qué hora. Nos pusimos felices al saber que cumplíamos el mismo día y le dije que con muchísimo gusto iba a ir. Como última cosa me dijo que trajera un libro de poesía porque ella era apasionada por la poesía y que para aquella ocasión ibamos a hacer una ronda donde los invitados ibamos a recitar poemas.

Llegó el día esperado. Elisa me recibió con un abrazo tan fuerte como no había sentido en años, y sentí que estaba en el paraíso. En ese momento entra Laura y para mi sorpresa se saludan con un pico. Yo me quedé mirándolas asombrado y Elisa me explicó que eran novias desde hace unos meses. Yo por fuera las felicité, pero por dentro me sentí morir.

Cuando comenzó la ronda, ella empezó recitando los versos más románticos que pudiera haber escrito García Lorca y sentí puñaladas con cada palabra. Pensé para mí que si no moría esta noche, no me moriría más.

Pasaron otros amigos recitando lo que ellos querían, Becquer, Shakespeare, el Romancero, Benedetti, etc. Y cuando llegó mi turno. Me paré en el centro buscando algún poema, pero todos me resultaban dolorosos de recitar.......hasta que encontré uno. Uno que yo sentía más que nadie y que calzaba perfecto. Uno de Rafael de Leon.

Simplemente me desahogué con aquel poema. Hasta alteré sin querer la letra diciendo “Mas como es rica tu dueña”, sabiendo que era un poema que lo recitaba un hombre a una mujer. Recibí flor de ovación y Elisa me volvió a abrazar tan fuerte como al llegar al cumpleaños, alabando el sentimiento impreso en el recitado. Yo le agradecí el gesto y le dije que también estuvo encantadora cuando recitó esos versos de Lorca. En ese momento tuve la conciencia clara y disfruté del cumpleaños como si fuese el mío (bah, era también el mío, solo que no lo celebraba desde hace tiempo).

A la hora de irme, ella como buena amiga que era me dijo que algún día podríamos hacer una reunion con Laura y los demás. Yo me inventé como excusa de que iba a irme de vacaciones. Nos dimos un abrazo de despedida y me fui en taxi.

Sentí que no pude contener el llanto cuando el taxista prendió la radio. Sonaban tres canciones tan tóxicas. Una de The Cure, una de Sonia Rivas, y para colmo y remate a Nati Mistral recitando el mismo poema que yo recité.........aquella noche con Elisa que me juré que iba a ser la última.

Ahora tengo tanto miedo a los mensajes de texto.