Mis reflexiones sobre los movimientos de carácter anti sistémicos y el software libre

Hay un tema que durante mucho tiempo quedó fuera de todo análisis, incluso se llegó a pensar que estaba superado, pero que evidentemente ésta época hoy lo vuelve a plantear con renovado brío, y que estamos todos viendo que ya forma parte de la atmósfera moral en que estamos inmersos. Me refiero a los movimientos anti sistémicos que vemos que surgen, como hongos después de la lluvia financiero bursátil, por todos lados.

Los años ’60, ya al final de la década, dejaron una lección que todos los que vivimos aquel proceso incorporamos a nuestra vida, pero que es difícil de transmitir a las nuevas generaciones. Cómo explicar tanto infantilismo mental si hoy, los mismos que eran adalides de eso no logran entender por qué se era así en aquel entonces.

Entre las conclusiones que se desprenden de aquello, me refiero al Mayo del ’68 primero, a Woodstock en el ’69 luego y, a los otros, a los castristas y los castrenses de la Guerra Fría, hay un par de aspectos que no se consideran, pero que son los que ahora emergen directa o indirectamente. Los movimientos anti sistémicos, tengan el signo ideológico que tengan, arrastran consigo en su evolución y desarrollo con una cadena de acontecimientos internos que le son connaturales a todos ellos. Empiezan como una ruptura total, absoluta y tajante y terminan integrados y completamente funcionales al sistema que tanto combatían. Cuando leemos a Proudhon, por ejemplo y vemos la amargura enorme que deja en él, el fracaso de la Comuna de París y toda la seguidilla “regresiva” que viene después, sentimos que estamos en presencia de una figura si se quiere eterna que deviene como consecuencia de querer seguir siendo coherente después de un fracaso político que tiene consecuencias sociales y culturales.

En las siguientes reflexiones escritas a vuela pluma voy a intentar dar mi interpretación enteramente personal de lo que en verdad creo que ocurre.

La ruptura

La ruptura comienza con un furor generalizado de carácter contestatario en rebeldía con el orden social imperante. Son muchachos y muchachas y algunos veteranos enfurecidos contra el sistema en que viven. Se dicen las cosas más increíbles en donde venimos a descubrir que todo lo que se ha hecho está mal: la enseñanza, la ética personal, la moral pública, la cultura imperante, la tecnología, las jerarquías empresariales, la urbanización fueron pensados para sí, para su uso exclusivo y egoísta, por gente muy mala y que, por ende, de lo que se trata no es de caer “en el error” de aspirar a pequeñas reformas, que solo pueden favorecer a esa gente mala (imperialista, burguesa y demás), sino que hay que dar vuelta las cosas “como una media”, porque el que “no cambia todo, no cambia nada”. Las pequeñas reformas, según este estado de ánimo alterado, para lo único que sirven, son para emparchar un orden de cosas que exige ser derribado inmediatamente. Se escuchan las cosas más increíbles y aparecen textos clásicos de toda índole para justificar cualquier tesitura moral alterada.

Desde el punto de vista anarquista, que generalmente es el que está detrás de todo esto, el hombre debe aspirar “a la verdadera libertad” y no a la falsa del mercado libre, porque esa libertad, “burguesa”, es la libertad del zorro en el gallinero. Como lo encara la “burguesía”, según ellos, la libertad no es libre, solo sirve para que unos se mueran de hambre y otros de ataque al hígado.

Desde el punto de vista marxista, que por lo general se le pone al lado al anarquista y empieza a los codazos tratando de tranquilizarlo, para entrar en el reino de la libertad hay que superar primero el reino de la necesidad. Solo cuando estén dadas las condiciones objetivas básicas que permitan superar el reino de la necesidad, recién entonces se podrá aspirar al reino de la libertad: lo que esa rebelión expresa, según esta manera de mirar las cosas, es un estado pre revolucionario insurreccional que le falta madurez para avanzar hacia la conciencia crítica del conjunto de los trabajadores, únicos depositarios del cambio real, palanca de la historia, caudillo de los acontecimientos. Como según ellos la moral condena lo que la historia condena, entonces el marxista o “Marxiano”, influido por Lenín hace “pedagogía de masas” en ese estado insurreccional y se retira y se esconde, no bien “las masas comienzan a bajar los brazos”. Es la forma de acumular fuerzas hacia el salto cualitativo que está faltando para pasar a plantearse un orden social nuevo, más justo, más humano, sin explotados ni explotadores, que libere al hombre del yugo del capital.

No falta en esta seguidilla de desvaríos la posición católica militante, según la cual, el Pueblo Oprimido es el Señor de la Historia, llamado a realizar una conciencia crística en el devenir de los acontecimientos. Venimos a enterarnos por este lado que Cristo vino a “darla y a liquidarla” y que por culpa de San Pedro se desvirtúo el verdadero mensaje del Apóstol. Cristo dio su lucha contra el sistema y fue claro, “Dadle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César” en una ruptura en dónde “los que quieren salvarse se pierden, los que aceptan perderse se salvan”. El buen señor de Jesús, dijo al final que no era de este mundo y entonces cabe una pregunta decisiva:¡Qué me venís a mí, con las cosas de otro marxiano!

A la ruptura se le agregan otras posiciones colaterales, por ejemplo el liberalismo de izquierda, en auto crítica permanente con ciertas posiciones de la Revolución Francesa, descubriendo nuevamente a Robespierre, o posiciones muy similares a las discusiones internas que había en la Comuna de París, según lo cual venimos a enterarnos que lo que importa no es lo político, lo social, lo económico y lo cultural sino “la organización del trabajo manual y el trabajo intelectual, como sostenedores embrionarios de todo un orden injusto”, no faltan los que se la agarran contra la misma Ilustración del siglo XVIII y el despotismo ilustrado.

Están también los otros, los místicos, los que vienen a decirnos que el hombre Occidental no ha entendido en valor del Prana y falto de una super conciencia –una conciencia de la conciencia– no puede expandir su mente más allá de lo meramente material, sórdido y filisteo, por eso erra el camino, también cuando se rebela con motivaciones materialistas. El camino de la verdadera ruptura moral, para ellos, es el nirvana y el fin de todo deseo.

También existen fecundaciones cruzadas, gente que es marxista y roussoniana, todo junto a la vez, como era Roland Barthes, diciendo muy suelto de cuerpo que él es marxista y roussoniano porque la ruptura con el capitalismo implica un volver a la naturaleza. Venimos a enterarnos por esta vía que estar contra el capitalismo dentro del capitalismo, es el gran error del marxismo clásico porque acaba al final traicionándolo a sí mismo de sus principios básicos. Para ser un verdadero marxista hay que volver a la naturaleza, como quería Rousseau. Rousseau dijo: “Todo es bueno al salir de las manos de Dios, se hace malo al entrar en sociedad”, y de aquí se infiere que el capitalismo es algo más que un simple fenómeno socio económico, empieza siendo una inmoralidad, una porquería.

A esto se acopla hoy, otro tipo de gente, son lo que dicen que el capitalismo no sirve, es ruin, miserable y completamente deleznable y que la única, la verdadera solución de las cosas está en el Corán.

Como se puede apreciar, cualquier tendencia filosófica puede participar en la rebelión y salir diciendo que el capitalismo no sirve y que lo que sí es realmente maravilloso es la dinastía Ming o cualquier cosa. Todos recordamos, por ejemplo, los textos de Mao Tse Tung, levantando una consigna de lucha que era así: “Contra el Feudalismo, contra el Imperialismo y contra el Jun Fa malvado”. Los Jun Fa eran los señores de guerra que lideraron China en la decada de 1920.

La ruptura y después

Una vez que la ruptura toma cuerpo y se generaliza, empiezan a surgir voces internas, en un principio muy minoritarias que dicen cosas tales como: “Ya sabemos que el sistema es total, absolutamente injusto de cabo a rabo y de arriba abajo, de lo que se trata es de dar la salida planteando cosas mejores. No alcanza con limitarse a estar en contra, hay que ofrecer una solución alternativa a ese orden de cosas injusto por naturaleza.” Estamos en presencia de la primera posición racional, de sentido común y sensata. En un comienzo “predican en el desierto” de tanto malestar generalizado, pero en determinado momento empiezan a ganar posiciones internas y más gente se acopla a la idea de que estar contra es insuficiente, se necesita un planteo alternativo para intervenir.

El planteo sensato por lo general en este contexto de malestar tan grande, suele ser realizado por el marxismo con argumentos de este tipo: “No se trata de protestar, cualquiera que está en contra protesta, de lo que se trata es de combatir y para luchar como combatiente contra el sistema, se precisa una teoría científica de lo que ocurre. Es muy grande la porquería que hay que arrojar al mar en el proceso de reconstrucción socialista, no se puede improvisar con voluntarismo la magnitud de la tarea, ignorando en qué etapa de las cosas hoy estamos.”

El movimiento anti sistémico, empieza aquí a dejar de ser tal e inicia un ciclo que es clásico en todos ellos. En determinado momento alguien dice: “No alcanza con tener un planteo alternativo y con total sensatez querer hacer ver una cosa que es clara para nosotros, pero no está clara para el común de la gente, se necesita ganar espacios políticos que sean referenciales para influir y gravitar.”. Estamos en presencia de un segundo momento de cordura y sensatez. A esto le siguen otros momentos, cuando alguien empieza a decir: “No alcanza con ganar espacios y condenarse a mirar de afuera lo que al final otros que tienen el poder de decisión hacen, se necesita estar allí, y desde allí cambiar las cosas”. Forman un partido político, se inscriben, se postulan. Si tienen suerte logran un cargo parlamentario. Aquí ocurre una cosa que es importante entender. El Parlamento les pone la totalidad de los temas nacionales a consideración. Ellos no están preparados para tanto, vienen de un solo tema y les preocupa un único aspecto de las cosas. Era Trotsky el que decía, “infantilismo revolucionario, no es luchar, luchar y luchar: infantilismo revolucionario es hacer de un solo tema, la cuestión central de la Revolución.”. El Parlamento los cambia, no porque “se aburguesan”, sino porque no están preparados para dar respuesta a la vastedad de temas sociales, económicos y políticos que están cotidianamente en discusión.

El éxito parlamentario, lograr leyes afines con lo que piensan, decreta la muerte de todo el movimiento que traían atrás. ¡Quién se va a poner a manifestar hoy, para que las mujeres puedan votar o por la ley de divorcio, o el trabajo de ocho horas! Esos movimientos murieron el día en que una ley garantizó lo que estaban reivindicando.Lo que no se tiene en cuenta es esto: Si el tan odiado sistema sale ileso en estos trances anti sistémicos es porque el estado de derecho, tal como lo concebimos de la Revolución francesa, inglesa y americana para acá es el encargado de dirimir los pleitos sociales y armonizar que las cosas sean lo más equitativo y razonable que en cada circunstancia histórica puedan ser.

Los movimientos anti sistémicos no tienen más destino que fortalecer con leyes justas el sistema que combaten, de modo que aquí hay que dejarse de tonterías y macanas. Si hoy el sistema parece invencible más allá de su crisis financiera, es porque en el pasado fue absorbiendo todas aquellas cosas que afeaban su funcionamiento básico. El sistema no lo hizo alguien malo, “burgués”, “imperialista” o cosa así de fea, el sistema lo fuimos haciendo absolutamente todos y cada uno elección tras elección, ley por ley, acuerdo por acuerdo. Los que no entienden eso, van a quedar con una amargura muy grande a lo Proudhon, viendo traidores a la causa por todos lados. Es verdad, sucede todo eso que dice el anarco, lo que no explica, tan esbelta y pura criatura es porque siempre, indefectiblemente es eso lo que acontece. No se le pasa por la cabeza sospechar siquiera, que debe ser, porque no va por ahí la cosa.

Sobre el software libre

En realidad es al revés de lo que piensan: “El que lo cambia todo” resulta ser en verdad quien no cambia absolutamente nada y los que aspiran a pequeños cambios, son los que al final, cambian todo. En el caso concreto del tema que aquí nos ocupa, que es el software libre y las reglas que deben existir en la red para que el funcionamiento sea equitativo y justo para todos, estamos en presencia de un conjunto de cosas, menos de un planteo anti sistémico. Es al revés, se propugna que más gente sepa programar su máquina y opere con autonomía de criterios, para que pueda diseñar sus emprendimientos de un modo que habilite la formación y el desarrollo de incipientes nichos de mercado hacia los que expandir las nuevas creaciones.

Navegar por Internet, valerse de los recursos que la red ofrece, usar la tecnología de punta fabricada por las multinacionales y estar contra el sistema, todo junto a la vez, es una contradicción tan grande que no cabe en una cabeza cuerda. Es no entender lo que está pasando a nivel de las corporaciones. No estamos delante de una ruptura contra el sistema: así sigan crujiendo las bolsas de valores, estamos en las puertas de otro modelo de capitalismo, más abierto, más equitativo, más integrador, pero capitalismo al fin.

El software libre está dentro de ese proceso: para el estudiante todo gratis, para el que quiere comerciar, una tasa diferencial. Que existan resistencias a esto en sectores importantes, tiene el mismo alcance que podían tener las oposiciones al capitalismo en la época en que el ludismo la emprendía contra las máquinas industriales. Es una batalla que está perdida de antemano, por la sencilla razón de que hoy existen mil quinientos millones de usuarios que están en Internet, y esa cantidad va creciendo a ritmo vertiginoso. Esa gente va a generar un nuevo sistema de producción, distribución, comercialización y consumo que exige una apertura integradora para poder ganar dinero y vivir. No están contra el sistema, son el sistema que exige ampliarse.

Cómo decía Mortimer Adler, el error del capitalismo es que está pensado para pocos y el error de los que luchan contra el capitalismo es no darse cuenta que al final, lo que reivindican y conquistan, son logros capitalistas, no otra cosa. Lo que hace falta es una revolución por más capitalismo, decía él, no por menos, aunque eso implique pisar pies en aquellos que creen que son los dueños de un sistema que vino a superar a los anteriores, cuando en realidad es todo el planeta hoy en día, quien está pidiendo mejores niveles de producción y consumo.

De China a Rusia, como dice el tango de Gardel “Se acabaron los otarios que en otros tiempos había”.