Trump ganó porque la correctitud política de izquierdas inspiró un rechazo aterrador

Este post fue escrito por Robby Soave https://reason.com/blog/2016/11/09/trump-won-because-leftist-political-corr

Muchos dirán que Trump ganó porque capitalizó exitosamente las ansiedades de los trabajadores de cuello azul sobre la inmigración y la globalización. Otros dirán que ganó porque los EEUU rechazaron a una alternativa profundamente impopular. Igual otros dirán que el país es simplemente racista hasta la médula.

Pero hay otra pieza grande del puzzle, y sería un error profundo ignorarla. Ignorarla fue en gran parte el problema, en primer lugar. Trump ganó por un problema cultural que viaja bajo el radar y sigue siendo obstinadamente difícil de definir, pero sin embargo es enormemente importante para una gran cantidad de estadounidenses: la correctitud política.

Más específicamente, Trump ganó porque convenció a una gran cantidad de estadounidenses de que destruiría la correctitud política. Intenté llamar la atención sobre esta cuestión durante años. He avisado que la correctitud política es en realidad un problema en los los campus universitarios, donde la extrema izquierda ganó poder institucional lo utilizó para castigar a la gente por decir o pensar lo equivocado. Y desde que Donald Trump se volvió una amenaza seria para ganar las primarias republicanas, he avisado que mucha gente, tanto en los campus como fuera, estaban furiosos con la correctitud política fuera de control — tan furiosos que le darían el poder a cualquiera que se parara contra esta.

He visto esta obra en campus tras campus. He visto grupos de estudiantes disidentes invitar a Milo Yiannopoulos para hablar — no porque estén particularmente de acuerdo con su punto de vista, sino porque denuncia la censura y socava la correctitud política. He visto estudiantes aplaudir su teatralidad, su comportamiento insultante, y su narcisismo sólo porque los encargados del bienpensar del campus están enojados. No es sobre sus ideas, o políticas. Ni siquiera es sobre él. Es sobre la venganza por la opresión social.

Trump hizo a EEUU lo que Yiannopoulos hizo a los campus. Es un punto de vista que Yiannopoulos comparte. Cuando hablé con él sobre el éxito de Trump hace unos meses, me dijo, “Nadie vota por Trump o le gusta Trump basado en sus posiciones políticas. Eso es un malentendido de lo que es el fenómeno Trump.”

El describió a Trump como “un icono de resistencia irreverente a la correctitud política.” Correctamente, añadiría.

¿Qué es la correctitud política? Es notoriamente difícil de definir. Recientemente aparecí en un panel con Sally Kohn de la CNN, quien describió la correctitud política como ser cortés y tener buenos modales. Está bien — puede significar cosas diferentes para gente diferente. Me gustan los modales. Me gusta ser cortés. Yo no estoy hablando de eso.

El segmento del electorado que fue en manada hacia Trump porque se posicionó como “un icono de resistencia irreverente a la correctitud política” creo que significa esto: izquierdistas engreídos, con derecho, elitistas y privilegiados saltando sobre las gargantas de gente ordinaria que no está actualizada en los últimos requerimientos de una sociedad progresista.

Ejemplo: Mucha gente piensa que sólo hay dos géneros — chico y chica. Quizás estén equivocados. Quizás deberían cambiar ese punto de vista. Quizás es insensible para la comunidad trans. Quizás incluso vuela en la cara de la psicología social moderna. Pero la gente cree eso. La correctitud política es la fuerza social que los desprecia por eso, o los castiga rotundamente.

Si eres un izquierdista leyendo esto, probablemente pensarás que eso es estúpido. Probablemente no entiendas por qué alguien se resentiría tanto por que le digan que sus palabras son hirientes. Probablemente pensarás que no es gran cosa y que esa gente tiene que mejorarse. ¿Quién es el copo de nieve delicado ahora, eh? estarás pensando. Te digo: tu fracaso en reconocer ese error de cálculo y ajustar tu enfoque entregó el país a Trump.

Hay un problema relacionado: la situación del niño que gritó lobo. Me hizo feliz ver a unos pocos liberales, como Bill Maher, confesándolo. Maher admitió durante un show reciente que se equivocó en tratar a George Bush, Mitt Romney, y John McCain como si fueran amenazas apocalípticas a la nación: le robó la capacidad de tratar a Trump más seriamente. La izquierda dijo que McCain era un racista apoyado por racistas, dijo que Romney era un racista apoyado por racistas, pero cuando un Republicano racista de verdad llegó — y los racistas lo aplaudieron — perdió su capacidad para hacer esa acusación creíblemente.

Esto es similar al problema de la correctitud política fuera de control: ambos son ejemplos del horrible excesivo alcance de la izquierda durante los años de Obama. El impulso izquierdista de forzar una visión social progresista fue incansable, y ocurrió muy rápido. No digo esto porque me oponga a esa visión — al igual que la mayoría de los menores de 30 años, no tengo problemas con los pronombres de género neutro — lo digo porque inspiró un rechazo que nos dio a Trump.

Mis críticos liberales pusieron la mirada en blanco cuando me quejé de la correctitud política. Espero que vean las cosas un poco más claras ahora. La izquierda clasificó a todos en grupos de identidad y luego le dijo a la gente en el grupo de identidad del hombre blanco mal educado que ellos eran los únicos malos. Se burló de los miembros de ese grupo sin misericordia. Los castigó por no estar lo suficientemente despiertos. Los llamó racistas. Dijo que sus videojuegos son sexistas. Usó a Lena Dunham para decirles que horribles eran. ¡Lena Dunham!

Yo avisé que la correctitud política fuera de control y el excesivo alcance liberal llevaría a una contrarrevolución si iba desenfrenado. Esa contrarrevolución ocurrió.

Hay un costo por privar al a la gente de la libertad (tanto en el sentido legal como social) de decir su opinión. La presidencia fue para el hombre cuya calificación principal, de acuerdo a sus seguidores, es de que no tiene miedo de decir la suya.