Una jornada intensa (cuento de Leo Masliah)

Era mi día libre. Me levanté. Fui a la cocina y abrí la heladera. Fui al baño y abrí respectivamente las canillas de agua caliente y de agua fría. Volví a la cocina y, haciendo un nudo en la boca de la bolsa para residuos, la llevé a la calle y la dejé en la vereda. Luego fui a mi dormitorio y me vestí. Prendí la radio y, volviendo al baño, me lavé la cara. También abrí la llave de agua de la ducha. Fui a la cocina y saqué la manteca de la heladera. Luego salí a comprar el diario. Al regresar, saqué la guitarra de su estuche, y abrí la llave general del gas. Me dediqué un rato a observar los lomos de los libros que había en mi biblioteca y, decidiéndome finalmente por uno, lo llevé a mi dormitorio y lo dejé sobre la mesa de luz. Accioné el ventilador, y salí hacia la panadería. En el camino compré cigarrillos. Una vez de regreso, me apuré a cerrar las canillas de la pileta del baño. También aproveché para darme una ducha. Después me senté en el sofá del living a hojear el diario. Cuando terminé, fui al baño y levanté la tapa del inodoro. Saqué un cigarrillo y me lo puse en la boca. Puse a calentar café. Sentí que la casa tenía olor encierro, así que abrí algunas ventanas para que se ventilara. Me desvestí y tendí toda mi ropa -que estaba empapada- en la cuerda de la terraza. Durante la siguiente hora me ejercité en la ejecución de una pieza de música para guitarra. Luego me serví el café en una taza y apagué la radio. Fui al baño y oriné. Seguidamente doblé el diario en cuatro, puse una hoja en la máquina de escribir después de barrer la cocina y de sacar la tapa del azucarero, encendí el cigarrillo que tenía en la boca y descolgué el tubo del teléfono. Saqué un cuchillo del escurridor, junto a la pileta de la cocina, y corté una rebanada de pan. Enchufé la plancha eléctrica y cerré la llave general del gas. Apagué el ventilador y fui a la terraza a recoger la ropa. Luego, en el baño, me sequé todo el cuerpo con una toalla, y tiré la cadena de la cisterna. Fumé el cigarrillo mientras discaba un número en el teléfono. En la cocina, saqué una cucharita del escurridor y puse dos cucharadas de azúcar en el café. Volví al baño y bajé la tapa del inodoro. Fui al dormitorio y me puse las pantuflas. Otra vez en la cocina, unté la rebanada de pan con manteca. Luego planché la ropa y me vestí. Revolví el café, me lo tomé y apagué el cigarrillo. Tomé el tubo del teléfono pero, no escuchando a nadie al habla, lo colgué. Fui al baño y me lavé los dientes. Luego guardé la manteca en el refrigerador. Cerré las ventanas. Tendí la cama y guardé la guitarra en el estuche. Prendí el velador. Me peiné y comí la rebanada de pan con manteca. Pasé algo en limpio en la máquina de escribir. Me desvestí y desenchufé la plancha. Medité. Me acosté y me puse a leer el libro que tenía en la mesa de luz. A continuación apagué el velador, me levanté y me puse el pijama. Finalmente fui al baño, cerré la llave de agua de la ducha y me dormí.